UNA LECTURA DEL DOCUMENTAL “MORIR DE DIA” de Laia Manresa y Sergi Dies

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  1. La extimidad estructural a la droga

Hace no muchas semanas, en una noche de escuela, Lucía d’ Angelo, ex AE de hace ya varios años, dio testimonio de algo acontecido años después de terminar su análisis y su periodo como AE. Se trataba de la emergencia de una angustia indecible, de una angustia que para ella no se anudaba a nada simbólico, a nada imaginario, una angustia experimentada casi como un acontecimiento de cuerpo, algo de orden real. Para nuestra sorpresa, dicho episodio, episodio largo y que la condujo a pedir “entrevistas de conversación” con su ex analista, estaba perfectamente localizado en el momento que ella decide dejar el tabaco, adicción que la acompañó muchos años de su vida. La adicción, por tanto, hace su aparición en el corazón del dispositivo del pase…

La sorpresa me hizo pensar en las contadísimas ocasiones que los testimonios de pase incluyen su relación con la adicción, y pensaba si eso no correspondería a algo estructural: el silencio de la que siempre se acompaña. Interesante escuchar cómo cuando se toma la decisión de romper con este partenaire, la angustia emerge de una forma indialectizable. Esa relación la hemos podido escuchar en los adictos que deciden dar el paso de dejarlo y la hemos leído en la literatura sobre la experiencia de la toxicomanía. A-dicción, por tanto, ausencia de palabra por un lado y presencia de otra cosa, ruptura del matrimonio con el falo (definición que Lacan dio de la función de la droga) y alianza con un partenaire inseparable.

Quería empezar dando esta vuelta, aparentemente tan exterior, para enfocar a la extimidad constituyente al trabajo que llevamos a cabo en el TyA, para realzar el lugar de borde que tiene el trabajo con las adicciones, también en el seno de nuestro campo. Posición éxtima que sería interesante poder analizar, para pensar cuestiones que hacen a la particularidad de nuestra práctica.

También encontramos ese silencio en la propia historia del psicoanálisis: los “Estudios de la cocaína” del propio Freud nunca fueron incluidos en sus obras completas. Un episodio de la vida y el trabajo de Freud, que pienso no suele dársele la relevancia que merece, ya que las cuestiones que dejó planteadas allí, alumbraron de forma crucial la posibilidad del descubrimiento del inconsciente. Silencio que también recayó en la experiencia de Freud con la cocaína, experiencia que debió enseñarle algo: el sueño de la Inyección de Irma, -con el que él mismo quiso rubricar el inicio del psicoanálisis, así lo testimonia en una carta a Fliess- lo tuvo una noche después de un consumo puntual de cocaína para curar un flemón, y contamos allí con la presencia de una jeringuilla.

Pues bien, en el documental, vemos reflejada claramente esta cuestión: de qué forma la relación del ser humano con la droga conlleva siempre algo que tiene que ser silenciado, ocultado, excluido. Lo vemos, por ejemplo, de forma muy gráfica en las dificultades que encontraron los historiadores y los propios directores del documental para hablar de Pau Maragall, nieto de Joan Maragall, -poeta muy conocido de Catalunya-, y hermano de Pascual Maragall, exalcalde que gobernó la Barcelona de la Olimpiada 92, y que marcará el inicio de una transformación urbanística sin precedentes. Como si tuvieran miedo que el relato de la historia de Pau fuera a ensuciar su apellido, sin hacer la lectura de la incidencia decisiva que su familiar tuvo en la construcción de la contracultura catalana, movimiento que surge como respuesta a un silencio mucho más mortífero: el de la post-guerra española. Pau Maldivo, así su sobrenombre, o su nominación podemos intuir, convoca algo maldito, oscuro, que se quiere lejos.

A través de los relatos de sus protagonistas, vemos el contexto político y cultural que sirvió de terreno para que la heroína prendiera con fuerza en esa Catalunya de fines de los 70. Vemos de entrada la influencia norteamericana: la primera edición de “Yonqui”, de William Burroughs, aparece en la habitación de dos adolescentes sedientos de experiencias. La heroína en EEUU es un referente clave. La guerra del Vietnam, -una guerra que estuvo acompañada de mucho repudio social, popular, y que movilizó en su contra a artistas de todo el mundo-, desplegó un consumo de drogas importante en EEUU, presente ya desde los años 50, y que tardará aún unas décadas en llegar a España. Finalmente acabará haciéndolo de forma similar: ligado también a un movimiento de protesta.

  1. La droga como síntoma es intrínseco al lazo social

Quisiera remarcar este aspecto de forma especial. Puesto que a veces, cierta mirada sobre el consumo de drogas relativa al autoerotismo, contribuye a perder de vista hasta qué punto, la droga es un objeto que siempre, y desde los tiempos más remotos de la humanidad, está muy presente en el vínculo social, conformando el “malestar en la cultura” de cada época. Tenemos en este fenómeno una imagen privilegiada de la “extimidad” que encarna la droga. Habría que tomar el “malestar en la cultura” por su doble vertiente: del lado del malestar como sufrimiento, y que por tanto implica al goce, y por otro lado, “en la cultura” en lo social, como aquello que es índice de un lazo posible. Y lo que vino a decir Freud es que el lazo entre los seres humanos, -que es absolutamente ineliminable-, producía cultura, producía insatisfacción y siempre hacía síntoma en lo sexual.

Si pensamos a lo social como sujeto –como cuando decimos la Escuela como sujeto-, entonces ahí, la toxicomanía, siempre, ha constituido un síntoma: es el índice de lo que no va. Lo que no va en lo social, no es necesariamente lo que falla para el sujeto. Este lugar estructural que ocupa la droga en el lazo social es tan fijo, que ni los tiempos actuales -habitados por el falso discurso del capitalismo-, han podido eliminar. La presencia del malestar de la droga en el ser humano sigue presente. Entonces habría que preguntarse si la droga, que siempre es síntoma social e índice del malestar en la cultura, no sería, en sí misma, constituyente de dicho vínculo social.

Volviendo al documental éste nos habla de los años de la llegada de la heroína, que son los últimos del franquismo y los que comprendieron la transición española. El consumo de heroína estaba ligado a una serie de ideales de protesta, de oposición al régimen, de crítica social a los convencionalismos. La muerte de Franco en 1975 aparece como la realización de un sueño largamente esperado, la llegada del tiempo en donde todo iba a ser posible… como si la desaparición de lo que encarnó el régimen, se fuera a esfumar con la llegada de la democracia. Transición severamente cuestionada por los protagonistas del documental, pues la sociedad seguía siendo clasista, conservadora, mediocre… un largo silencio cubrió la historia de España. “como si nada hubiese pasado…”; la democracia española arranca con las directrices del capitalismo ya fuertemente asentadas. El trauma de una sociedad marcada por una guerra civil que extendió su alcance a toda la post-guerra, y que, llegado el momento de la democracia, lejos de tomar la palabra, sucumbió en el silencio.

Los jóvenes de esa época, como hubiera pasado con los hijos del post-Vietnam, hicieron suyo el movimiento hippy, el “haz el amor y no la guerra”, las influencias del surrealismo francés, el hipismo norteamericano, la revolución sexual, las luchas homosexuales, la reivindicación de la lengua… Por tanto, al menos en esos tiempos, los círculos de los consumidores de drogas lo constituían personas que tenían muchas cosas para decir, que quisieron romper el silencio…  Un silencio, en una sociedad traumatizada, que nunca devino síntoma. Una sociedad adicta a ese silencio que forjó el franquismo, pues no se aguanta un régimen fascista 40 años por la voluntad de un dictador y sin que eso dejara consecuencias. Si bien existieron dignos defensores del cambio, una gran parte de la sociedad quedó inmersa en una posición de pasar página, incluso en los sectores más emblemáticos de la izquierda. Tácitamente, el consenso político que se requería o se deseaba, estuvo sellado con un pacto de silencio que pagó cara la sociedad.

  1. De transiciones y partenaires

Lo que resulta interesante es como la droga viene al lugar de partenaire de la vivencia de experiencias en un contexto político y social. En sí misma ésta encarnaba la transgresión, la libertad, la repulsa a los ideales de la tradición católica, conservadora, miedosa… formaban parte de una suerte de ritual de exorcismo de las secuelas del franquismo. El título del documental, “Morir de día”, tomado de un poema de Vicente Aleixandre, nos presenta un sintagma paradójico, puesto que, si bien evoca la muerte, también incluye una aspiración de luz, de energía, de búsqueda.

Entonces, por una parte, son tiempos donde el consumo de droga está en sintonía con la búsqueda de un “estilo de vida” intrínseco a la juventud. No olvidemos que los inicios de los consumos se dan en la juventud, incluso en la adolescencia: pertenecen a la más “delicada de las transiciones”. Transición del sujeto, por tanto, y también transición de la sociedad española… ambas transiciones se reúnen en torno a la droga. La droga participa de un intento de tratamiento del encuentro con el Otro sexo. Vemos eso reflejado en la temática sexual: orgías, amor libre… que a la vez que dan un marco para abordar la sexualidad, son una contestación al orden social. Se puede ver también como, consumir está ligado a la búsqueda de pertenencia a un grupo “excluido, maldito, rechazado”. Un “estilo de vida” consistente en una denuncia de la hipocresía social, dirigido tanto al silencio secundado por la transición, como a la crítica al capitalismo, que ya asomaba sus fieros colmillos.

Por otra parte, el protagonismo de la escritura en la película es fundamental. La poesía, la lectura de cartas, la correspondencia, es el soporte material que eligen sus directores para vehiculizar la narración del relato que quieren transmitir. Por tanto, es haciendo uso de una vertiente artística, donde la experiencia de la heroína va hacer su aparición, que si bien va a mostrar sus demonios, también incluirá relatos sobre el amor, la amistad, los ideales, los modos de habitar el mundo. El documental no deja de lado la vertiente sintomática de sus protagonistas y cómo ésta participa del lazo social.

Creo que esta articulación es crucial para el psicoanálisis. Hay que afinar bien la lectura: porque si bien no se trata de que la droga abra una vía a la invención de esa solución singular, es evidente su función de partenaire. Cabría preguntarse eso: en las distintas operaciones “sublimatorias” de estos testimonios (digo de estos, evitando generalizarlo como característica de cualquier adicto), la heroína aparece como el partenaire silencioso que está presente en los procesos de invención de cada uno de ellos. En algunos tenemos la suerte de contar, además, con el relato de su desintoxicación. Por tanto, también vemos que hay algunos sujetos que una vez desenganchados de la droga, pudieron continuar sosteniendo, de alguna manera, sus soluciones sinthomáticas.

Por tanto, podemos ver reflejado en la película, como la droga adormece al sujeto, pero también, de cierto modo, está al servicio del intento de un despertar. La droga y el alcohol son partenaires de la juventud en su “despertar de la primavera”, el de cada cual, tratamientos que acompañan el necesario camino del exilio, del exilio de la lengua materna que implica esa transición para el parlêtre… Quizás cierto aplacamiento producido por la droga es vehículo de la posibilidad de adentrarse en los intentos de invención de soluciones que no son “estándares” que no se apoyan en el nombre del padre, sino que van más allá de él. La experiencia creativa no es homeostática, no está al servicio del equilibrio, no obstante, puede abrir la vía a la invención de modos de satisfacción posibles… quizás por ahí podamos entender un poco porqué ciertos artistas, con existencias marcadamente toxicómanas, gozan de buena salud, siguen resistiendo…

Aparentemente, ninguno de los testimonios que hemos visto, ha hecho uso del psicoanálisis –esto es España, no hay que olvidarlo- sin embargo, aparecen experiencias terapéuticas basadas en la palabra que contribuyeron a los procesos de desintoxicación. En el centro donde algunos se desintoxicaron, hoy trabajan algunos colegas nuestros. Y nosotros, compañeros del TyA, aquí y allá, seguiremos ahí con ellos haciendo, paradójicamente posible, una vía transitable, por la senda de la imposibilidad de la relación sexual.

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