EL GRAN DELIRIO. HITLER, DROGAS Y EL III REICH de Norman Ohler

9788416771103

 “La inquietante familiaridad de las drogas”, título del próximo encuentro americano del TyA, me evocó casi automáticamente, un libro que leí por recomendación de mi querida colega Estela Paskvan. Se trata de un excelente ensayo, nutrido con una extensísima recopilación de información que incluía notas, informes médicos, propaganda de todo tipo, etc, acerca del uso de drogas en el III Reich, del consumo de Hitler contado a partir de la relación con su médico personal y del papel que jugó la Pervitina, nombre comercial de la metanfetamina, en la Alemania nazi de los años 30 y 40.

Este apasionante libro, si bien trata de un tema contado por innumerables historiadores, novelistas, cronistas, y ha dado lugar a reflexiones y elaboraciones de muchos cineastas, artistas y filósofos, su perspectiva lo convierten en un libro muy singular, pues Norman Ohler aborda el surgimiento y el desarrollo del Tercer Reich, el exterminio judío y la figura de Hitler, a través del papel central que jugó la droga en esos tiempos, y más concretamente la metanfetamina, lo que hoy se conoce como el crystal meth.

El relato nos cuenta la atmósfera de crisis en la que se encontraba Alemania cuando Hitler llega al poder. Sin embargo, no todo estaba en decadencia; había una industria especialmente floreciente: la farmacéutica. Las primeras décadas del siglo XX son tiempos de comercialización de distintas drogas, el opio y la cocaína llevan exportándose desde hace un tiempo. Los laboratorios Merkel en 1938, sintetizarán la metanfetamina, encontrando así un elixir para el malestar de estar vivo. La Pervitina -ese fue su nombre comercial- prendió como la pólvora. Este remedio contra la apatía, la depresión, el hambre y el sueño, fue el aliado perpetuo de Alemania en los tiempos oscuros del nazismo. Su inmediata salida al mercado, antes siquiera de investigar sobre sus efectos secundarios, llegó rápidamente a todas las capas de la sociedad: la tomaban estudiantes para no dormir, obreros para rendir más, y hasta las amas de casa en forma de bombones rellenos, llegando a recomendar dosis de 6 y 7 piezas diarias. En este ambiente de euforia sintética nacional, las ideas delirantes del Führer fueron acogidas con el entusiasmo de quien se siente un dios omnipotente.

El libro hablará de una peculiar relación: la que mantuvo Hitler con Morell, el hombre que devendrá su médico personal; un tipo que para silenciar las sospechas de ser judío –aunque no lo era-, ingresará voluntariamente en el partido nazi. El encuentro entre ambos creará unos lazos indestructibles. Así, paulatinamente, Morell abandonará su consultorio, su mujer y su vida, para venir a desempeñar el papel de médico personal de Hitler. Si llegó a ser necesario estar presente cada día, fue por las inyecciones que le administraba, cada vez más frecuentes. Sustancias de todo tipo: vitaminas, suplementos, hormonas, anabolizantes, y por supuesto la metanfetamina, formaban parte del cóctel diario del dictador. Hitler no salía a dar un discurso sin pegarse antes un buen chute. Así el ensayo va desplegando la magnitud de la adicción generalizada en todos los mandos del III Reich, en sus tropas, y en general, en la vida cotidiana de la Alemania nazi. La advertencia sobre los efectos secundarios, que no tardaron en mostrar la cara funesta de la droga, fueron silenciados e ignorados: ya nadie podía parar semejante euforia.

Solamente con conocer los millones de pastillas que Alemania consumió en esos años, uno se puede hacer a la idea de la locura circundante que rodeaba a toda esa gente. A medida que crecía la imparable adicción de Hitler, empezaron a llegar las noticias de las derrotas militares. Las conquistas primeras que se ganaron en las operaciones “relámpago” regadas por la metanfetamina, que habían permitido a los soldados estar despiertos hasta 17 días seguidos, no se sostuvieron por mucho tiempo. La derrota generalizada empezó a hacerse evidente alrededor de 1941. La incapacidad para aceptarla unida al delirio personal de Hitler sobre la raza aria y el peligro de contaminación que suponían los otros, especialmente los judíos, dieron entrada a las grandes oleadas del exterminio.

El delirio del Führer pasó a ser cuestión de Estado. La concreción de la forma más elevada de maldad que alcanzó el siglo XX estaba acompañada de la complicidad de un pueblo. El borramiento de la subjetividad, no solo recayó sobre los números tatuados de los judíos reclutados en campos de concentración, sino que alcanzó a todo aquel que estuvo participando de la barbarie. Desarrollo tecnológico, complicidad de la ciencia, experimentos macabros, capitalismo desaforado… la máquina del terror al servicio de hacer desaparecer al otro, traspasó límites que dejaron huellas que aún perduran en nuestros días. La monstruosidad está vestida de burocracia, de normalidad, de obediencia ciega.

Sin embargo, este ensayo está lejos de hace recaer la causa del horror del siglo XX en la droga. Se limita a explicar su presencia, la extensión de su consumo en sus dirigentes, sus tropas… y de qué modo, los efectos sobre los cuerpos producían una química muy parecida a la del poder. Cuando el ser humano está inmerso en el poder, la dimensión de la subjetividad se borra. Ya solo se trata de cómo perpetuarse en él. No hay razones, ni discursos, ni argumentos. La droga posibilita hacer un cortocircuito con el propio cuerpo. La sensación de omnipotencia va sola. Una vez producida la desconexión de la castración, la única actividad que se va a desplegar es la carrera frenética e imparable hacia la destrucción del otro.

Por eso pienso que este libro ilustra bien “la inquietante familiaridad de la droga”, en tanto que, en lo más íntimo, en lo más familiar, habita ese objeto silencioso que secretamente trabaja para nuestra aniquilación.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: